lunes, 27 de enero de 2014

Luna, de Enrique Anderson Imbert

Grabado de Antonio Álvarez Gordillo


Jacobo, el niño tonto, solía subirse a la azotea y espiar la vida de los vecinos.

Esa noche de verano el farmacéutico y su señora estaban en el patio, bebiendo un refresco y comiendo una torta, cuando oyeron que el niño andaba por la azotea.

—¡Chist! —cuchicheó el farmacéutico a su mujer—. Ahí está otra vez el tonto. No mires. Debe de estar espiándonos. Le voy a dar una lección. Sígueme la conversación, como si nada...

Entonces, alzando la voz, dijo:

—Esta torta está sabrosísima. Tendrás que guardarla cuando entremos: no sea que alguien se la robe.

—¡Cómo la van a robar! La puerta de la calle está cerrada con llave. Las ventanas, con las persianas apestilladas.

—Y... alguien podría bajar desde la azotea.

—Imposible. No hay escaleras; las paredes del patio son lisas...

—Bueno: te diré un secreto. En noches como esta bastaría que una persona dijera tres veces "tarasá" para que, arrojándose de cabeza, se deslizase por la luz y llegase sano y salvo aquí, agarrase la torta y escalando los rayos de la luna se fuese tan contento. Pero vámonos, que ya es tarde y hay que dormir.

Entraron dejando la torta sobre la mesa y se asomaron por una persiana del dormitorio para ver qué hacía el tonto. Lo que vieron fue que el tonto, después de repetir tres veces "tarasá", se arrojó de cabeza al patio, se deslizó como por un suave tobogán de oro, agarró la torta y con la alegría de un salmón remontó aire arriba y desapareció entre las chimeneas de la azotea.

Enrique Anderson Imbert (Tomado de Breves no tan breves)

La mata de albahaca


  1. ¿En qué se diferenciaba y en que se parecía la protagonista a sus dos hermanas?

  1. ¿Qué prohibición hizo el padre a las tres hijas cuando marchó de viaje? ¿La cumplieron? Justifica tu respuesta.

  1. ¿Qué le pidió el encajero a Mariquilla a cambio de la puntilla?

  1. ¿Eres capaz de terminar de escribir la pregunta que le hacía Mariquilla al príncipe?

Caballero del alto plumero,

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  1. Este relato está dividido en dos partes claramente diferenciadas, explica dónde termina la primera parte y comienza la segunda.

6.    Resume brevemente las tres pruebas que impuso el rey a Mariquilla.

7.    ¿Qué introdujo Mariquilla en el vientre del muñeco que colocó en su cama?


8.    El final de este cuento popular es muy diferente al habitual en este tipo de relatos, explica por qué.

viernes, 13 de diciembre de 2013

martes, 10 de diciembre de 2013

La rosa que habla


Había una vez una niña llamada Lucía que tenía muchas cosas, era rica. Un día de vuelta del instituto escuchó murmullos, cuando iba sola por la calle, pensó que era la tele de algún vecino.

Al seguir caminando vio una rosa con un color rojo muy llamativo y se acercó. Cuando fue a arrancarla volvió a escuchar el murmullo, miró a su alrededor y no había nadie, tiró un poco de la rosa y ella le habló. Fue corriendo a su casa, soltó la mochila y cogió una maceta y una pala. Volvió donde estaba Rosa, que así es como la llamó, la trasladó para llevársela a su casa. Eran muy amigas. Se pasaban el día riendo, jugando, etc. Un día estaba en casa de su abuela y sentía que le faltaba algo...¡Era Rosa! Se demostró que Lucía no podía estar sin Rosa y se la llevaba a todos lados.

Esto era tan raro que nadie se lo creía, tenía juguetes, televisiones..., pero no echaba a nada de menos tanto como a Rosa. Sus padres le compraron una bolsa especial para que la llevara allí a todos lados. Hasta que un día Rosa se puso malita, había perdido su color rojo tan llamativo porque necesitaba luz del sol y agua de las nubes. Tuvieron que trasladarla al jardín. Estuvo unas semanas plantada en el jardín y un día vino un médico de plantas muy raro y le dijo:

-Ya puedes ir en tu bolsa a todos lados.

-Vale -le dijo Lucía-, pero ¿todavía no tiene su color rojo llamativo?

-Su color volverá poco a poco -le contestó el médico.

Eso no pasó, Rosa seguía igual y volvieron a llamar al médico y le contestó:

-Yo no te he dicho nada.

-¿Cómo que no?-le dijo Lucía sorprendida.

-Que yo no te dicho nada de nada -le dijo con chulería el médico.

Entonces Lucía y sus padres lo denunciaron, y fue a la cárcel porque ya había estafado antes, y curó a Rosa un médico de verdad.

Cristina Verdugo, 1º B

domingo, 8 de diciembre de 2013

El balón parlanchín

Érase una vez un balón que vivía en el cuarto de un niño y nunca había salido de allí. Un día el niño y sus hermanos lo bajaron a la calle y empezaron a jugar con él y se puso muy contento al ver que disfrutaban jugando con él y no lo tenían abandonado.

Otro día, cuando se lo llevaron al parque a jugar, se cayó en una zona que estaba llena de pinchos y se hizo un agujerito. El balón se iba desinflando poco a poco. Cuando ya se volvían a casa, los niños se dieron cuenta de que su balón no estaba y lo empezaron a buscar. El balón empezó a a chillar “SOCORRO SOCORRO”, pero nadie lo oía.

Más tarde los niños lo encontraron casi desinflado y se lo llevaron a casa. Ellos le preguntaron a su padre que si se podía arreglar, y el padre le respondió que sí. Entonces dijo el balón: “ Bien, por fin me he recuperado”. Los niños, cuando se enteraron de que su balón había hablado, se pusieron tan contentos que nunca lo dejaron solo ni lo trataron mal. Siempre jugaron con él y nunca lo volvieron a dejar solo. Desde entonces no se callaba nunca.

Elena Rueda Machado, 1º A