domingo, 19 de enero de 2014
martes, 14 de enero de 2014
viernes, 13 de diciembre de 2013
martes, 10 de diciembre de 2013
La rosa que habla
Había una vez una niña llamada Lucía que tenía muchas cosas, era rica. Un día de vuelta del instituto escuchó murmullos, cuando iba sola por la calle, pensó que era la tele de algún vecino.
Al seguir caminando vio una rosa con un color rojo muy llamativo y se acercó. Cuando fue a arrancarla volvió a escuchar el murmullo, miró a su alrededor y no había nadie, tiró un poco de la rosa y ella le habló. Fue corriendo a su casa, soltó la mochila y cogió una maceta y una pala. Volvió donde estaba Rosa, que así es como la llamó, la trasladó para llevársela a su casa. Eran muy amigas. Se pasaban el día riendo, jugando, etc. Un día estaba en casa de su abuela y sentía que le faltaba algo...¡Era Rosa! Se demostró que Lucía no podía estar sin Rosa y se la llevaba a todos lados.
Esto era tan raro que nadie se lo creía, tenía juguetes, televisiones..., pero no echaba a nada de menos tanto como a Rosa. Sus padres le compraron una bolsa especial para que la llevara allí a todos lados. Hasta que un día Rosa se puso malita, había perdido su color rojo tan llamativo porque necesitaba luz del sol y agua de las nubes. Tuvieron que trasladarla al jardín. Estuvo unas semanas plantada en el jardín y un día vino un médico de plantas muy raro y le dijo:
-Ya puedes ir en tu bolsa a todos lados.
-Vale -le dijo Lucía-, pero ¿todavía no tiene su color rojo llamativo?
-Su color volverá poco a poco -le contestó el médico.
Eso no pasó, Rosa seguía igual y volvieron a llamar al médico y le contestó:
-Yo no te he dicho nada.
-¿Cómo que no?-le dijo Lucía sorprendida.
-Que yo no te dicho nada de nada -le dijo con chulería el médico.
Entonces Lucía y sus padres lo denunciaron, y fue a la cárcel porque ya había estafado antes, y curó a Rosa un médico de verdad.
Cristina Verdugo, 1º B
domingo, 8 de diciembre de 2013
El balón parlanchín
Érase una vez un balón que vivía en el cuarto de un niño y nunca había salido de allí. Un día el niño y sus hermanos lo bajaron a la calle y empezaron a jugar con él y se puso muy contento al ver que disfrutaban jugando con él y no lo tenían abandonado.
Otro día, cuando se lo llevaron al parque a jugar, se cayó en una zona que estaba llena de pinchos y se hizo un agujerito. El balón se iba desinflando poco a poco. Cuando ya se volvían a casa, los niños se dieron cuenta de que su balón no estaba y lo empezaron a buscar. El balón empezó a a chillar “SOCORRO SOCORRO”, pero nadie lo oía.
Más tarde los niños lo encontraron casi desinflado y se lo llevaron a casa. Ellos le preguntaron a su padre que si se podía arreglar, y el padre le respondió que sí. Entonces dijo el balón: “ Bien, por fin me he recuperado”. Los niños, cuando se enteraron de que su balón había hablado, se pusieron tan contentos que nunca lo dejaron solo ni lo trataron mal. Siempre jugaron con él y nunca lo volvieron a dejar solo. Desde entonces no se callaba nunca.
Elena Rueda Machado, 1º A
miércoles, 27 de noviembre de 2013
El koala y el unicornio mágico
Eran dos niños llamados Peter y Marco. Un día sus padres los llevaron al zoo. Ellos eran muy traviesos y al llegar al zoo se escaparon de sus padres. Después de tirarles piedras a varios animales fueron a la zona de los koalas y se dedicaron a tirarles piedras y toda la basura que se encontraron en el camino.
El koala les dijo:
-¿Por qué estáis tirando cosas a los animales? Lo que estáis haciendo lo pagaréis. Los niños se quedaron tan sorprendidos al ver que el koala hablaba que en seguida empezaron a reírse.
-¡Ja,Ja,Ja! Un koala que habla -dijo Marco.
Peter, mirando al cielo, añadió:
-Y un burro que vuela.
Continuaron riéndose, pero el burro era el unicornio mágico.
-Por reíros de mis amigos los animales el resto del día sufriréis como nosotros -dijo el unicornio mágico.
-¿Y qué va a hacer un burro?-rieron Peter y Marco.
De repente una nube de polvo los envolvió convirtiéndolos en hienas.
Después de un día riéndose como las hienas, aburridos de los visitantes y maltratados por las venganzas de los animales, Peter y Marco suplicaron al unicornio que los convirtiera otra vez en niños. El unicornio los perdonó y ellos volvieron con sus padres.
Después de un día riéndose como las hienas, aburridos de los visitantes y maltratados por las venganzas de los animales, Peter y Marco suplicaron al unicornio que los convirtiera otra vez en niños. El unicornio los perdonó y ellos volvieron con sus padres.
María Plaza, 1º A
jueves, 21 de noviembre de 2013
Infancia, de María Plaza
Polvorones de Navidad. Caída de la cama. Cromos de las Monster High. Tarta de cumpleaños de mi madre y mi vecina. Vamos a la cama que hay que descansar. Veranos con mi prima. Un dos tres pollito inglés. Que sueñes con los angelitos. De oca y tiro porque me toca. Cómete las lentejas o las tienes para merendar. Bocadillo de jamón y aceite. Tardes con películas de Barbie. Vestidos de flores de mi madre. ¿Mamá, cuándo nos vamos al pueblo?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
.jpg)
